Un sacerdote de Castelldefels dona una reliquia que perteneció a Antonio M.Claret y al poeta Jacint Verdaguer, por miedo a morir por el COVID19

Josep Maria Armesto Miró, sacerdote de la parroquia de Santa María de Castelldefels, ha realizado una donación particular de una importante reliquia, a los misioneros claretianos.

El cura, temiendo ser contagiado y morir por la actual pandemia del coronavirus ha hecho el donativo de un crucifijo, que estaba en posesión de su familia, a los padres misioneros claretianos de la casa madre de Vic (Barcelona).

El crucifico perteneció a San Antonio María Clarert y al sacerdote y poeta Jacint Verdaguer. El cura, consciente de la importancia histórica de la reliquia, ha realizado el donativo con la finalidad de que lo cuiden y evitar así que se extravíe.

Según ha relatado el sacerdote Armesto, la cruz pasó del padre Claret, a la familia Bofill de Viladrau, al poeta Jacient Verdaguer, al escritor Emili Vilanova, a un padre capuchino de Barcelona y a su familia. En una carta ha explicado el motivo de la donación y la historia del crucifijo. Armesto añade de que está seguro que los claretianos lo cuidarán y que recibirá la veneración que merece. En el archivo Centro de Espiritualidad Claretiana (CESC) de Vic, conservan tanto el texto original de la carta, como el crucifijo enmarcado.

Según el párroco, esta imagen del Santo Cristo, lo llevaba San Antonio María Claret, en sus predicaciones misionales. El año 1849, se encontraba en la población de Viladrau. Allí le acompañó en visitas a enfermos de las masías, en las que curaba algunas veces con fórmulas vegetales. Le acompañaba un buen leñador, de la familia Mas Bofill. Este buen hombre, apunta el sacerdote, auxilió a Claret de una caída en la montaña y le llevó a cuestas hasta una masía de la familia Bofill, donde le curaron, y cuando se fue, agradecido le regalo a la familia el crucifijo, que tuvo mucha devoción entre los vecinos.

Con el leñador subió a la cruz del Matagalls que en aquellos momentos era de madera y la gente de Viladrau la renovaba cuando la destrozaba alguna tempestad. El año 1865 el sacerdote y poeta Jacint Verdaguer fue a Viladrau con el sacerdote Jaume Colell y otras personas, subieron para colocar una nueva cruz bendecida y es allí donde Jacint Verdaguer recibió el crucifijo de la familia Bofill, según el párroco de Castelldefels. Verdaguer tuvo en el escritor barcelonés Emili Vilanova i March a un buen amigo y confesor, y cuando Verdaguer enfermó, le regaló el crucifijo a Vilanova. Poco antes de morir Vilanova, este entregó el crucifijo a un padre capuchino de Barcelona y en el año 1962 la familia del párroco de Castelldefels la enmarcó en un cuadro que fue renovado a los pocos años.

El pasado día 19 de marzo de 2020, el párroco Josep Mª Armesto Miro de Castelldefels realizó la carta en la que relataba la donación de la reliquia y afirmaba en la misma que “en estos tiempos, que Dios sabe como acabaran, prefiero en vida donar esta estimada reliquia a los Padres Claretianos”.

Fuente:Catalunyareligio.cat

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